La Opinion: En sus marcas, listos...
El Paso, Texas,
February 7, 2014
En sus marcas, listos... Aunque el discurso fue confrontacional, en cuanto al tema de la inmigración, su tono fue conciliatorio Con el mensaje del Estado de la Unión del presidente Obama y con el anuncio público por parte del liderato republicano de la Cámara de Representantes de los principios que guiarán sus propuestas legislativas sobre el tema de la inmigración, podemos decir que ya empieza la discusión final entre ambos partidos sobre una posible reforma migratoria que saque a los más de 11 millones de indocumentados de las sombras. El mensaje del Estado de la Unión es la oportunidad que tiene el Presidente para establecer sus prioridades de política pública para el año legislativo que comienza. Aunque el discurso fue confrontacional —Obama, por ejemplo, advirtió a los republicanos de que buscaría activamente atender los retos que enfrenta el país unilateralmente a través de la acción ejecutiva— en cuanto al tema de la inmigración, su tono fue conciliatorio. En vez de atacar a los republicanos por supuestamente no querer atender el problema migratorio, como tantas veces ha hecho en el pasado, el Presidente reconoció las buenas intenciones de ambos partidos de la Cámara Baja y exhortó con optimismo a pasar un proyecto de reforma este año. Dos días más tarde, el presidente de la Cámara John Boehner circuló en retiro de la bancada republicana los mencionados principios para resolver los problemas de nuestro sistema migratorio. La articulación de estos principios es muy importante porque demuestra el compromiso del liderato republicano en abordar el tema. Ya no debemos interpretar declaraciones públicas más o menos favorables de los líderes republicanos; ahora tenemos unos principios claros, en blanco y negro, que los comprometen. Indudablemente, estos últimos desarrollos son causa de optimismo. Sin embargo, todavía nos queda un camino difícil. En primer lugar, habrá que ver si el presidente John Boehner logrará conseguir la mayoría de los votos de los republicanos para los proyectos de reforma migratoria que quieren aprobar. Boehner desde el año pasado dijo que seguiría la llamada regla "Hastert", una norma interna de la delegación republicana que lleva el nombre del ex presidente de la Cámara Dennis Hastert, que requiere que cualquier proyecto presentado en el pleno para votación cuente con la mayoría de los votos de la mayoría. Hoy los republicanos tienen 232 escaños en la Cámara baja por lo que Boehner necesita 117 votos de sus correligionarios para avanzar estas medidas en el pleno de la Cámara. Aunque a primera vista esto parece difícil, la realidad es que los principios de inmigración presentados por Boehner han sido bien recibidos por muchos congresistas republicanos y da la impresión que se está creando momentum en la delegación republicana a favor de una reforma. Por otra parte, también hay que ver si los demócratas de la Cámara van a estar dispuestos a colaborar con la mayoría republicana. Aún si la mayoría de los republicanos decide votar a favor de los proyectos de reforma, para pasar estas piezas de ley se necesitará de 75 a cien votos demócratas. No pocos, de hecho, ya se han quejado de que la propuesta republicana no incluye un camino especial a la ciudadanía para los indocumentados. Debe quedar claro que el plan de los republicanos no cierra la puerta a la ciudadanía a aquellos que se legalicen. Lo que propone es que si estos desean hacerse ciudadanos, deben seguir el proceso establecido por la ley actual como cualquier otra persona, lo que es un argumento legítimo. Recordemos que lo que más les importa a los indocumentados es poder regularizar su status, no hacerse ciudadanos. Por eso bajo la última reforma de envergadura que se dio bajo la Administración de Ronald Reagan en 1986, de los que se legalizaron, solo un 39 % se naturalizó. Más aún, una reciente encuesta del Centro Hispano Pew reveló que, aunque la mayoría de los votantes hispanos favorece un camino a la ciudadanía para los indocumentados, la mayoría de ellos —un 55 %— entiende que el acabar con el riesgo de deportación es aún más importante. Si Obama y los demócratas tratan de matar un proyecto de legalización en la Cámara porque no tiene un paso especial a la ciudadanía, demostrarían que están más interesados en usar el tema para fines políticos —para ganar nuestro voto— que en resolver el problema y sacar a los indocumentados de las sombras como quiere nuestra comunidad. Afortunadamente, hay buenos demócratas como Luis Gutiérrez y Henry Cuéllar que están comprometidos en trabajar con los republicanos para lograr una reforma y no le van a prestar a atención a aquellos líderes demócratas que quieran politizar el tema. Si la líder de la minoría Nancy Pelosi decide torpedear caprichosamente la propuesta republicana, Gutiérrez y Cuéllar no la apoyarán y continuaran su trabajo para conseguir suficientes votos demócratas. Es evidente desde ahora que el debate sobre la reforma será un complicado juego de ajedrez político que requerirá mucha paciencia así como un deseo de buscar consenso por parte de políticos de ambos partidos. Esperemos que ambos hagan las movidas correctas. |